29 de agosto, II.

  1. Ha vuelto a caer sobre mí ese placer fulminante del ocio. Engarzamiento diabólico de mi alma a la nada. He vuelto a probar el morboso furor del vacío; yo mismo me confesé un pecador cuando vi mi reflejo caminar sobre el pasadizo infernal de los gritos, el agua hecha un caudal sangriento; la fenomenología del día vuelta una pregunta más. Volví al sendero de las adicciones, de los desencantos y de las noches llenas de palpitaciones y horrores. La tarde gime con desesperanza pues la Luna se presenta con un baile tenebroso que osa recordar que el silencio es una tragedia bien lograda. Así, así se presume el día. Así se desintegra el orden conforme dejo que toda mi conciencia se vea atragantada por la suerte.
  2. El paraíso es un sueño perdido. Sigue siendo 29 de agosto y los árboles parecen danzar por siempre al ritmo del viento. Las nubes alicaídas también bailan, pero en su respectivo mar de ilusiones, en un mar azul que se refleja en el confín. El paraíso es una cosa. La realidad es un cuadro bien definido. Este 29 de agosto debería ser interminable. Todos los días lucen como 29 de agosto. Ningún día es bien entendido. El calendario es una suerte tirada. El tiempo, un ciclo mal definido. Una cuenta solventada con magia matemática; como la resurrección siendo descrita en los monolitos arcaicos. El paraíso no cabe en una oración. Esto parece ser demasiado simple. El paraíso huele a tu encuentro. El 29 de agosto puede significarlo todo para nosotros. Quién sabe. La realidad es una intención bien organizada: aquí pienso en jugar con los labios, los besos, los cuchillos. Los sacrificios pueden ser condecorados con el festín de tu carne, la noche es una lujuria plena. La farmacocinética y nosotros en medio. El paraíso es para mí una odisea de emociones; suena también a descontrol, caos, frenesí, miseria. ¡Qué bienaventurada debe ser la memoria cuando tiene algo que nombrar de forma repentina! He ahí lo soportable para esta vida: el recuerdo. El paraíso podría ser eso: recuerdos de nosotros, reproducidos en en bucle. Una dimensión costosa de melodías; el fondo de luciérnagas, a punto de perecer, brillando, apagándose, encendiéndose, flotando sobre la noche costera, con la brisa del mar arropando de humedad la ya calurosa penumbra en XXXXX; el 29 de agosto en este sitio tiene el color de un paraíso sin nombre. Aquí destazamos con cada estrella un simple concepto y lo convertimos en papiroflexia aérea; dinámica de suerte, la tiramos desde la azotea del edifico más alto, con el olor de los cigarros y la borrachera a medio camino; la dinámica de suerte embota el sistema y tira del mismo aire para hacer caer cada creación romántica de papel: el avioncito  contra el charco de agua, el sueño deseado por la virgen nocturna. Mágicamente, sentimos que el 29 de agosto es el día más glorioso de nuestras vidas. La farmacodinamia hace de sus gustos, mientras la bioquímica retoma su protagonismo. Nos devora. El cerebro cae rendido. El cuerpo hipnotizado. El amor se crea repentinamente. El paraíso se vuelve una alusión de sustancias y, entonces, en nuestra representación más pura, caemos en la complicidad de las jeringas, los brebajes y los sortilegios sexuales. El paraíso es un juego de palabras.
  3. Ha pasado demasiado tiempo. No he visto el calendario; de hecho, para serte sincero, no recuerdo qué día es hoy. Solo sé que el sol ha salido de nuevo, que las nubes que adornan la soledad azul no se parecen en nada a las vistas con anterioridad. El tiempo se ha ido. He tratado de combatir esta enfermedad con tu recuerdo; te aseguro que trato de sobrellevar cada centímetro de tu rostro en la memoria, solo así puedo afrontar esta terrible anarquía genética: conforme creo que te atrapo en cada relieve de los lienzos donde te he dibujado, más se desintegra tu figura y solo queda de ti una simple ceniza para ser rememorada como un simple dogma. Ha pasado tanto tiempo; podría decirse que los meses se han tragado la vida y que, allá, en el exterior, alguien juega con los imanes y relojes, alguien sobrepasa los ejes y el atomismo. No es posible. No es posible admitir que los días sigan corriendo con tanta espuria. He tenido que recurrir a trazar con las uñas de mis dedos, los contornos de tu piel, en el barro, en las paredes, en las hojas, en los libros, con la intención de no perder ni siquiera el aroma de tus manifestaciones. Todas. ¡Oh! La obsesión viva corre gracias a ti. Te redibujo en cada recámara, te coloreo con cada palabra, cada pared se nubla contigo. Cada instante de esta locura parece llevar tu forma. El sol ha salido y la cordura se cierne con miedo; a penas si soy capaz de recordar mi nombre. El tuyo se ha nublado por completo. Sin embargo, me mantengo consciente en saber que mi corazón se estremece y suspira. Aun sé que la noche llegará para devorarme. Aun sé que al salir de aquí lograré saber que existes.
Anuncios